Pintura estilo renacentista de mujer abrazando un corazón, simbolizando la aceptación emocional y el amor propio

Para Amar Quien Eres No Puedes Rechazar Lo Que Estás Sintiendo

Gran parte de nuestros problemas de relación tiene que ver con la dificultad para vivir nuestra experiencia emocional sin reprimirla o exaltarla. 

Bloqueamos, negamos o posponemos algo que estamos sintiendo. 

Pretendemos ser felices rechazando lo que estamos sintiendo. 

Ante la intensidad de una emoción nuestra identidad se desvanece. El ego no puede alcanzar la profundidad de ningún sentimiento. Siempre va a restringir o limitar la emoción, la consideremos positiva o negativa. 

Si sentimos miedo, no queremos sentir miedo, si sentimos tristeza no queremos sentirla, si estamos alegres limitaremos la alegría justificando esa alegría con algún motivo o circunstancia, por lo que la profundidad de la alegría quedará restringida o coartada en algún momento. 

No nos podemos entregar a la experiencia emocional libres y sin miedo. 

La emoción se comunica directamente con algo esencial en nosotros, donde nuestro personaje deja de ser la referencia. 

La profundidad de un sentimiento, destruye nuestra sensación de control y seguridad. 

Por eso no soportamos sentir miedo, alegría, tristeza o enfado. Porque si permitimos sentir hasta las últimas consecuencias  una emoción perdemos nuestra identidad. 

Cuando sentimos una emoción con toda su potencia e implicación, nuestro diálogo interno se para. No hay una historia que contarse. No sentimos eso porque ha venido un perro a saludarnos, o porque nuestra novia nos ha abrazado. 

Porque en el momento que nos damos una explicación sobre lo que sentimos, si nos damos cuenta, la emoción se interrumpe. Se agota

Lo que pensamos sobre la emoción, bloquea la emoción. 

Cuando una emoción emerge, nuestro ego rechaza inmediatamente la emoción, porque presentimos que el hecho de sentir, nos va a transformar. Va a liberarnos de lo que consideramos que creemos que provoca la emoción:

Nuestra novia, un buen trabajo, un coche rojo. Mi perro sí que me quiere. 

Cuando después de mucho tiempo me siento solo y triste, y logro tener novia, o hacer yoga o cambiar a un trabajo mejor, el núcleo de la tristeza y de la soledad permanece escondido en mi corazón. 

Pero en otro momento, donde mi fantasía de ya no estar triste porque tengo dinero o un móvil nuevo, se agota, y esto que he usado para tapar mi vacío, ha caducado y no funciona, la tristeza, el miedo o el enfado, vuelve a emerger con más fuerza. 

Entonces necesitaré comprarme un piso, tener un hijo o irme de viaje a las Maldivas, para no sentir mi tristeza o mi miedo o mi soledad o ..

Entonces la emoción como una burbuja que se hace cada vez más grande al ocultarla dentro de mí, emerge a la superficie . 

Si puedo sentir la tristeza, el miedo, la soledad, la alegría o el amor como algó sensorial, experiencial, sin aplicar mis conceptos ni significados preconcebidos, esta experiencia emocional, se abre como una flor para entregar un fruto, y morir. 

Al dejar libre la emoción, sin retenerla o rechazarla, se disuelve en nuestro cuerpo, porque cumple su ciclo vital. 

Es un proceso orgánico, no requiere de nuestra ayuda y menos de nuestro esfuerzo. 

Pero si pretendo estar triste por una situación o enfadado por algo que me han hecho, y no me deshago de la historia que me estoy contando, esa burbuja emocional no puede estallar y regalarme lo que tiene para mi. 

Una comprensión profunda de la situación, una experiencia profunda sobre quien soy en este momento. Sin mi pasado y sin mis argumentos. 

Pero si yo me digo que tengo miedo, que estoy alegre, algo se fabrica alrededor de ese sentimiento y construye una cantidad de ideas, una identidad fija, que me incapacita para estar presente y disponible para mi vida y para los demás. 

Por eso los niños juegan a subirse a un árbol para sentir el miedo, hasta que les decimos que no lo hagan, porque tienen que tener miedo del miedo, rechazar su tristeza o limitar su expresión de alegría. 

Pero cuando aceptamos la intensidad de la emoción sin categorizarla de esta forma mundana como positivas y negativas, podemos vivir la intensidad de la emoción y los sentimientos como algo que nos hace sentir vivos siempre.

La tristeza es alegre, el miedo es alegre, la soledad es alegre, cuando escogemos vivirla plenamente. Si vamos al cine y vemos una película, y sentimos miedo, no tenemos miedo, nos excita, nos entusiasma. La tristeza de que al protagonista se le haya muerto su madre, está llena de vida. 

Lloras porque puedes sentir toda la tristeza, y al salir dices: esta película ha sido maravillosa. 

Es magnífico sentir la tristeza cuando no estamos tristes. 

Porque sea la emoción que sea después de la muerte de la emoción, siempre nos devuelve a una escucha profunda, nos llena de sensibilidad por nosotros mismos, nos devuelve a la vida. Uno está en paz con lo que sucede, y hay una alegría que nos colma.

Lo que genera el sufrimiento, es el rechazo de la experiencia, no la situación. 

Pero abrirse a la experiencia emocional, no tiene nada que ver con regocijarse en el sentimiento, ni retroalimentar lo que sentimos. 

Quién está provocando sentir algo, quien quiere sentir, está tan lejos de sí mismo, como el que rechaza lo que está sintiendo. 

Si perseguimos una experiencia o la rechazamos nos encontramos con el mismo resultado:

estamos atrapados en la memoria del pasado. 

Amar a quienes somos implica amar lo que estamos sintiendo, sin excepciones. 

Share the Post:

Related Posts