Indicaciones
para el equipo
Facilitación, materiales y contención · Uso interno
Lo que el equipo sí ve
La web de participantes muestra solo el propósito de cada trabajo. Este documento es el reverso: facilitación paso a paso, materiales, figuras de sombra y contención. No se comparte con participantes. Si cambia el programa, actualiza también la web.
Cuando alguien se desborda
El trabajo profundo puede activar miedo intenso, llanto incontenible, temblor, disociación, pánico o crisis. No es una emergencia: es material que emerge. La tarea del equipo es sostener, no arreglar. Estas indicaciones son para todos los miembros del equipo.
1 · Reconocer el desbordamiento
- Activación alta: hiperventilación, temblor, llanto que no cesa, gritos, congelación.
- Disociación: mirada perdida, ausencia, “no siento el cuerpo”, voz plana.
- Pánico: “me muero”, opresión en el pecho, necesidad urgente de huir.
- Ante la duda, acércate. Mejor acompañar de más que de menos.
2 · Qué hacer · acompañamiento inmediato
- Acércate con calma y pide permiso: “Estoy aquí contigo. ¿Puedo acompañarte?”.
- Baja la intensidad del entorno: menos estímulos, menos gente, voz suave y lenta.
- Ancla en el presente y el cuerpo: pies en el suelo, nombrar 3 cosas que ve.
- Regula con la respiración: exhalaciones largas, respira tú a su lado marcando el ritmo.
- No interpretes ni aconsejes. Solo presencia: “Estás a salvo. Esto va a pasar.”
- Respeta el ritmo: contén sin reprimir; no cortes el llanto ni aceleres.
3 · Qué NO hacer
- No tocar ni abrazar sin permiso.
- No minimizar (“no es para tanto”) ni dramatizar.
- No dejar sola a la persona en activación alta.
- No forzar a seguir en la dinámica “para terminar el proceso”.
- No exponer a la persona ante el grupo; si es necesario, salir del círculo.
La sala interior es la sala de regulación: cálida, con mantas, agua e infusiones, luz tenue y sin estímulos, atendida por un miembro del equipo. Cualquier persona puede retirarse allí en cualquier momento, sola o acompañada, sin dar explicaciones. Se señala su ubicación en la apertura del retiro. El exterior junto al fuego también sirve como espacio de descompresión.
4 · Protocolo de comunicación del equipo
- Roles fijos: un facilitador principal dirige; al menos un co-facilitador queda libre para acompañar sin detener la dinámica.
- Señal discreta: gesto acordado (mano en el pecho) para pedir apoyo sin alarmar al grupo.
- Relevo silencioso: quien acompaña lleva a la persona a la sala interior; otro cubre su lugar. El facilitador principal nunca abandona el grupo.
- Canal del equipo: walkie o mensajería para el trabajo nocturno y en el bosque.
- Briefing diario: antes de cada jornada, repaso de quién está frágil y quién acompaña a quién.
- Debriefing: al cerrar el día, el equipo comparte incidencias y decide cuidados para el siguiente.
Deriva a acompañamiento individual prolongado si la persona no se regula, si reaparece trauma severo, o si expresa ideas de hacerse daño. Ante riesgo para sí o para otros, el facilitador principal activa el contacto de emergencia y los servicios sanitarios. Ten localizados el centro de salud más cercano y los teléfonos de emergencia.
Cuando la persona se regula, se le ofrece —sin obligar— volver al círculo a su ritmo. El grupo la recibe sin interrogar. Un miembro del equipo permanece atento a ella el resto de la jornada. Todo desbordamiento se cierra: nadie termina el día en activación abierta.
Los anclajes de cada jornada
Horarios fijos que estructuran el día. El trabajo profundo se sostiene sobre una rutina corporal estable: despertar temprano, meditar, mover el cuerpo y comer a horas regulares.
El Llamado
- Círculo de apertura: “En mis relaciones con hombres/mujeres aprendí que yo…”. Silencio tras cada voz.
- Respiración de co-regulación guiada.
- Encuadre del consentimiento soberano y del arco del retiro.
- Cartografía individual de cada herida y máscara.
- Imaginación activa: encuentro con la primera figura del otro sexo.
- Compartir en tríadas: uno habla, dos sostienen sin consejo.
- Salida en silencio a un punto asignado del bosque, con linterna como único anclaje.
- Consigna interior: “¿Es el universo un lugar seguro? ¿De qué me protejo? ¿Qué defiende mi masculino interno?”
- El grupo permanece hasta la llamada del facilitador, que marca el regreso.
- Al volver, una frase al fuego.
Puntos a distancia de voz. Facilitador y co-facilitador patrullan. La llamada del facilitador cierra la vigilia. Ninguna vigilia para quien esté en crisis aguda.
El Descenso
- Constelaciones breves; representantes que se mueven sin propósito consciente.
- Frases sanadoras de los órdenes del amor.
- Gesto final en el río: soltar lo devuelto.
Sin entrar en corriente. Facilitador vacío de intención.
- Genograma del linaje afectivo.
- Frase de reconocimiento a cada línea.
- Inclinación simbólica ante los que vinieron antes.
- Cada participante compone su mandala con elementos naturales.
- Contemplación en silencio.
- Palabra breve: qué pide la herida para sanar.
- Hombres y mujeres en dos líneas enfrentadas, mirándose en silencio.
- Por turnos, cada persona expresa en una frase lo que siente al ver al otro grupo.
- Sin diálogo: solo nombrar y ser testigo.
El equipo regula la intensidad. Se permite el silencio. Nadie está obligado a hablar.
- Tras expresar lo sentido, se honran con gestos de reverencia mutua.
- Intercambio simbólico y palabra de reconocimiento.
- Voluntario; quien no desee contacto sostiene desde el círculo.
- Dos círculos separados junto al fuego: hombres por un lado, mujeres por otro.
- Cada persona toma su turno de palabra; el círculo sostiene en silencio.
- Se avanza por el banco de preguntas de sombra (ver herramientas) hasta cerrar todos los turnos.
Nadie queda abierto: verificar cierre de cada turno. Acompañamiento individual disponible en la sala interior.
Preguntas de sombra, poder y reparación
Para los círculos de hombres y de mujeres en el Jardín de Getsemaní. Valorar con honestidad cuánto daño hemos hecho y cuánto nos han hecho, y abrir la reparación —aunque no sea directamente con esa persona. Se avanza hasta agotar el turno de palabra de cada uno. El compromiso de reparación se expresará ante ambos grupos a la mañana siguiente (S·1).
1 · Ánima y Ánimus — la polaridad rechazada
- ¿Qué desprecio, temo o envidio en el otro sexo?
- Eso que rechazo, ¿dónde vive —negado— dentro de mí?
- ¿Qué aprendí de mi madre sobre las mujeres, y de mi padre sobre los hombres?
- Si mi lado femenino/masculino interno hablara, ¿qué me reprocharía?
2 · Dinámicas de poder en la pareja
- ¿Cómo busco el poder: controlando, complaciendo, retirándome o victimizándome?
- ¿Dónde uso el silencio, el sexo, el dinero o la seducción como arma o moneda?
- ¿Qué hago para tener razón, incluso a costa del vínculo?
- ¿Qué patrón de mis padres repito en el reparto de poder?
3 · El daño que me han hecho
- ¿Qué me hicieron que aún no he soltado?
- ¿Qué decidí sobre el amor a raíz de esa herida?
- ¿A quién de mi linaje se le hizo algo parecido?
Nombrar una vez, sentir, no repetir el relato victimista.
4 · El daño que he hecho
- ¿A quién dañé y todavía no he mirado de frente?
- ¿Dónde usé mi poder o mi seducción para controlar, castigar o retener?
- Con honestidad, del 1 al 10: ¿cuánto daño causé en mi vínculo más significativo? ¿Cuánto me atrevo a reconocer?
- ¿Qué me impide pedir perdón de verdad?
Reconocer no es flagelarse: responsabilidad desde la dignidad, sin vergüenza tóxica.
5 · Reparación — aunque no sea con esa persona
- Si pudiera reparar el daño, ¿qué gesto concreto lo empezaría a saldar?
- Cuando la reparación directa no es posible, ¿cómo repararlo de forma simbólica o hacia otros?
- ¿Qué necesito devolver al sistema que nunca fue mío?
- ¿A quién puedo tratar hoy con el cuidado que no supe dar entonces?
Cierre hellingeriano: reconocimiento a quien dañé y a quien me dañó, sin exigir reconciliación.
El Encuentro
- Círculo mixto. Por turnos, cada persona nombra su compromiso de reparación.
- Se expresa ante mujeres y hombres como testigos.
- Sin debate: se recibe con silencio y reconocimiento.
- Hombres al bosque: tallar bastones de madera en silencio. Uno de ellos entrega un bastón a cada tríada de mujeres.
- Mujeres al prado: recoger y trenzar una corona de flores y plantas.
- Cada símbolo se consagra con una intención personal.
- Cada tríada camina unida como una constelación viva.
- Los hombres, por parejas, se acercan sin hablar y ofrecen dirección hacia el bosque.
- Cuando las tres mujeres sienten al unísono la confianza en ellos, le entregan el bastón que portan (el que un hombre les dio antes).
- Los hombres dejan a las mujeres en la poza, depositan en ella la piedra que ha estado en el altar, y regresan a preparar la sala y el fuego para el lavatorio y la cena.
En cada pareja, un hombre encarna el masculino integrado y otro sostiene la sombra: un bufón que perturba la seguridad de los grupos, da indicaciones falsas a las mujeres y confronta a los hombres para generar competitividad e inseguridad. La encarna siempre un miembro del equipo entrenado, nunca un participante. Revela cómo reaccionamos ante la manipulación, la duda y la rivalidad. El equipo dosifica, desmonta la figura explícitamente y procesa lo activado antes de continuar.
- En tríadas (niña, madre, maga), las mujeres se desnudan y expresan sus miedos y su rechazo a partes de sí mismas y de su cuerpo.
- Cada mujer recibe la mirada de las otras: una mirada que no juzga, sino que honra y reconcilia.
- Se lavan entre ellas en un bautizo de mujeres que integra sus aspectos y su sombra.
- El banco de preguntas de la Poza guía el proceso (ver herramientas).
Voluntario y gradual. Espacio exclusivo de mujeres, sin miradas externas. Se puede participar vestida. Facilitadora atenta a activación o disociación.
- Los hombres mantienen vivo el fuego sagrado durante todo el rito y la cena.
- Las mujeres lavan los pies de los hombres en silencio ritual, con agua tibia y aceite.
- Los hombres reciben, inclinan la cabeza y agradecen.
- Voluntario; quien no desee contacto sostiene el espacio.
- Cena celebratoria al aire libre junto al fuego.
- El altar recoge un objeto de cada participante, junto a bastones y coronas.
Preguntas del Ritual de la Poza de la Madre
En tríadas (niña, madre, maga). Cada mujer se muestra mientras las otras dos sostienen la mirada que honra. La facilitadora propone las preguntas con silencio entre cada una. Cierre: el bautizo mutuo.
1 · La niña — el cuerpo y el miedo
- ¿Qué le da miedo a la niña que fui, y que aún vive en mi cuerpo?
- ¿Cuándo aprendí a avergonzarme de mi cuerpo? ¿Quién me lo enseñó?
- ¿Qué parte de mí escondo para que me quieran?
2 · La madre — lo que rechazo y lo que nutro
- ¿Qué partes de mí misma rechazo o no quiero ver?
- ¿Qué de mi cuerpo o de mi carácter me cuesta aceptar?
- ¿Qué necesito darme a mí misma que espero que me den?
3 · La maga — el poder y la sombra
- ¿Qué poder mío temo mostrar? ¿Qué pasaría si lo dejara ver?
- ¿Qué parte oscura o “inaceptable” de mí guarda, en realidad, mi fuerza?
- ¿Quién soy como mujer cuando dejo de pedir permiso?
4 · La mirada que sana · el bautizo
- Al ser vista sin juicio por las otras mujeres, ¿qué se ablanda en mí?
- ¿Qué reconozco en las otras que también es mío?
- Al lavarnos entre nosotras: ¿qué integro de la niña, la madre y la maga que soy?
Cierre: se lavan unas a otras como bautizo de mujeres que integran sus aspectos y su sombra. Cada una recibe una frase de reconocimiento de su tríada.
El Retorno
- Representantes que se mueven sin propósito consciente.
- Frases sanadoras de los órdenes del amor.
- El facilitador no interpreta: acompaña el movimiento del sistema.
Cerrar cada constelación; des-rolar a todos los representantes.
- Escritura: “Lo que traje, lo que me llevo, lo que suelto.”
- Un compromiso verificable para los próximos 40 días.
- Agradecimiento; desmontaje del altar; indicaciones de acompañamiento (sesión individual y grupal).